Marruecos'17: Ciudad Real - Assilah

Día 0: Ciudad Real - Assilah


El viernes comenzó a una hora prudente camino a Puertollano, donde si no quería pagar el desayuno, no debía retrasarme. Allí me esperaban Javi y Manuel -en hoysalgoenmoto tenéis su versión de los hechos- que ya venía de ruta previa y realizó escala con nosotros.
Encuentro cercanías Montoro
El grupete de tres, se haría de seis cerca de Montoro, donde habíamos quedado en reagruparnos con Dani, Yolanda y Francisco que venían de hacer noche por la mancha manchega y que habían partido un día antes desde las cercanías de Barcelona.
comida en Málaga Aeropuerto
Rodamos juntos hacia Málaga, donde debíamos recoger a Isabel que venía desde Barcelona en AVE, y Pili y Daniel que lo hacían en avión desde el mismo lugar. Además, allí conoceríamos a Antonio, el guía, que reside en esa localidad. Con estas nuevas incorporaciones, solamente restaba para completar la comitiva Adolfo, que bajaba en su flamante KTM desde Gijón y Jose, conductor del coche de apoyo, a quienes conoceremos en Tarifa, hacia donde salimos después de comer.
Tarifa
Allí nos esperaba también mi amigo Luis, a quién además de para hacerle entrega de una camiseta de la página, tenía ganas de verlo y charlar un rato con él. Lástima de coger el ferry enseguida, porque siempre se me hace corto el tiempo que paso con este tiaco.
Aparcamos en el puerto
Además de que sigo sin conocer a pie Tarifa, y ya he estado dos veces. Una con viento, y otra si él.
Vista del puerto
Nunca antes había subido en barco, tampoco había entrado a ningún país extra comunitario, por lo que en temas de aduanas, cerete. A partir de aquí, todo me resultará nuevo y se puede decir que da comienzo mi propia aventura.
Listos para entrar en la aduana
El hormigueo en el estómago y los nervios fueron los encargados de dar el pistoletazo de salida. Básicamente en la pequeña espera para entrar en la aduana española.
Esperando en la fila
Ésta resultó fácil. Corte de billete, control de pasaporte por parte de la Policía Nacional y subida al ferry.
El trayecto por mar resultó relativamente bueno, pese a ser la primera vez. No hubo apenas oleaje y apenas movimiento. Lástima que se hizo de noche antes de zarpar y no pude disfrutar del paisaje. Me pude concentrar en el sellado del pasaporte por la parte marroquí, que se realiza en el propio ferry, y te hace estar entretenido gran parte del viaje.
Puerto de Tarifa
Ya en el puerto de Tánger, tocaría ir a una oficina a que nos hicieran una ficha a los que no habíamos entrado nunca al país y dar de alta la moto. El proceso fue inusualmente rápido, y dirigido en todo momento por Antonio. Prácticamente solo tuve que poner la cara de buena persona :)
Nos lleva Mª Dolores
Mientras vamos cruzando la ciudad, las primeras sorpresas no tardan en presentarse. La primera sensación es estar en una ciudad moderna, muy bien iluminada. -Por iluminar, tienen iluminación hasta los bordillos de las glorietas, el césped de las medianas.- Las calles por las que circulamos son amplias avenidas con edificios, monumentos y asfalto en perfecto estado de revista. Incluso parece limpia. Todo, claro está, visto desde dentro de un casco cruzando "a toda velocidad" las grandes avenidas camino del extrarradio.
Llama la atención, el número de coches de alta gama, más incluso que cascarrias viejas. Y todo con un caos circulatorio considerable para lo que estoy acostumbrado. -No me quedaba mili....-
Sí que me dejó perplejo un vehículo que no sabía que existía, y que aquí es un top. El triciclo. Me resultan cuanto menos, chocantes.
Una vez en la autopista, ya comienzan a aparecer los absurdos en materia de seguridad vial. Con vehículos sin luces, camiones cargados hasta los límites físicos, carromatos cargados de gente.

Assilah de noche, o al menos su barrio moderno, puede pasar, mientras lo recorres, por un pueblo del mar menor en la década de los 90. Aunque en cualquier momento te puedes cruzar con un carro de caballos decorado con profusión de terciopelos de colores amorosos y luces de neón.
mientras cenamos
Antes de retirarnos al hotel, cenamos en un restaurante regentado por un español, y tomamos contacto con los, a partir de ahora, recurrentes «gorrillas» o vigilantes que cuidarán de tu moto por una módica cantidad.



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