el P.N. Despeñaperros

Vuelvo a Despeñaperros, la vuelta de la ruta anterior, la de las Navas de Tolosa, por el antiguo trazado de la A-4, ahora sin tráfico y en perfecto estado, me hizo reparar en los atractivos que esconde esta zona. Hasta entonces mil veces pasados inadvertidamente para mí por culpa del tráfico.
De todos es sabido que se trata de la puerta de entrada más habitual a Andalucía. Su desfiladero, la gran cicatriz de piedra a cuyos pies discurren las aguas del río del mismo nombre, es uno de los espacios naturales mas pequeños del sur.

Pero su violento paisaje, sus fantasmales farallones rocosos, no son los únicos atractivos de este lugar por cuyo corazón discurre la autovía y la línea férrea que une el sur con la meseta. Despeñaperros es además un lugar histórico, de incesante trasiego humano desde el principio de los tiempos. Las cuevas, abrigos y oquedades que la naturaleza modeló en sus zonas mas altas acogen pinturas rupestres esquemáticas declaradas Patrimonio de la Humanidad, y esto, creo yo, ya no es tan de dominio público.
Hoy la ruta es especial, ya que combinaremos un poco de ruta a pie con la ruta en moto, una pizca de turismo cultural con una ración doble de turismo paisajista.

Quedé con Javi en el mismo lugar y a la misma hora que la anterior vez. Repetimos incluso itinerario, sólo que esta vez, paramos a tomar un café en uno de los restaurantes de carretera situados en la entrada del antiguo trazado de la A-4, ahora conocida como N-IVa.
Repuesta la temperatura corporal, continuamos hasta el mirador de uno de los lugares mas destacados del desfiladero. El Monumento Natural de Los Órganos, donde se alzan un conjunto de enormes columnas de roca que se asemejan a los tubos de un órgano de una catedral.
Aumenta la belleza de este paisaje el contraste cromático del gris de las rocas con el intenso amarillo y anaranjado de las diferentes especies de líquenes que aquí sobreviven.
Buscamos el cruce de la carretera a Aldeaquemada. La A-6200 se encuentra estupendamente asfaltada, es estrecha, apenas 3 metros de ancho hacen que en su primera parte, la que discurre por lo más escarpado del recorrido, el disfrutar de su sinuosidad sea peligroso, en cualquiera de su infinidad de curvas de herradura, totalmente ciegas en la mayoría de los casos, te puedes encontrar de frente desde un camión a una peña ciclista. Con la calma que permite la 2ª-3ª marcha de la moto ascendemos los altos desniveles que se salvan, disfrutando cuando el tapiz de encinas y alcornoques lo permite, de la panorámica del parque.
Una de las rutas a pie que quería hacer comienza en el denominado Collado de los Jardines, donde se sitúa, a unos 6,5 kilómetros carretera adentro, un antiguo aprisco (o corral ganadero) reconvertido en centro interpretativo. Esperaba que las dependencias estuvieran abiertas, pero no es de extrañar encontrarla cerrada a cal y canto.
Del centro interpretativo parten dos senderos para realizar a pie. En primer lugar, decidimos subir al Cerro del Castillo. Enseguida nos vimos inmersos, a través de un sinuoso sendero, en un relativamente frondoso encinar, el cual desaparece bruscamente cerca de la cima dejando ver más roca desnuda que vegetación.
Vista Sur-Oeste
Vista Norte
Vista hacia el mirador de Los Órganos
Detalle Órganos
Desfiladero
Se cree en la posibilidad de que en la cumbre exista un posible poblado ibérico. Lo que si existe es un mirador hacia el desfiladero con unas vistas sobrecogedoras, con Santa Elena al sur y puerto del Muradal hacia la meseta. Enfrente, la impresionante estructura pétrea del cerro de Los Órganos y, bajo nosotros, la autovía que ocupa la ruta que con gran dificultad se abrió a finales del s. XVIII, como alternativa al camino de Las Ventas (por los Pedroches) y otros itinerarios en uso entre los puertos de Cádiz y Sevilla con la capital.
Debemos desandar el trecho recorrido hasta el centro interpretativo, para tomar el sendero que nos conduce hasta nuestro segundo destino, la denominada Cueva de los Muñecos.
Comienza con un suave descenso atravesando la parte baja del mismo encinar que nos cubrió con su sombra en la subida, volviéndose en su segunda mitad mucho más escarpado y resbaladizo.
La cueva-santuario del Collado de los Jardines es uno de los principales yacimientos de la cultura íbera. Se data en el siglo VI a.c. y se considera uno de los santuarios extraurbanos mas antiguos.
El nombre le viene de la cantidad de figuras de bronce, exvotos y ofrendas a los dioses que aparecieron en las distintas cuevas y grietas con representaciones muy variadas. Hoy expuestas en las vitrinas arqueológicas del Museo de Jaén.
La ruta no es larga, estamos hablando de unos 500m de longitud (2000 en total), pero en esta corta distancia se salvan sobre 150 metros de altitud. Javi apostó por venir vestido para el paseo -por eso llegó helado al restaurante- y yo aposté por la ropa de moto, y aunque el calzado era el apropiado, los pantalones con el forro térmico no resultaba muy apropiado para estas estrecheces.
Personalmente, me defraudó un poco la cueva, además de por la cantidad de mierda que había desperdigada por los alrededores, (aquí no se me ocurren mas que insultos y despropósitos) porque no encontré el grabado en la roca. Esto no quiere decir que la visita deje de ser recomendable, eso sí, sin dejar basura.

-He encontrado por internet esta foto, en la realidad está muchísimo más deteriorado. Pero para la ilustración es la mejor que he visto.-
(Foto propiedad de Santa Elena Jaen.)

Volvimos a las motos para continuar hasta la localidad de Aldeaquemada. A la entrada de este municipio, tras unos 2 kilómetros de pista sin asfaltar, pero con el impecable estado necesario para que yo entre, se llega a un montículo descarnado que sirve de aparcamiento. Nos disponemos a visitar el paraje conocido como La Cimbarra, un soberbio salto de agua de 25 metros de altura originado como consecuencia de una falla transversal al cauce del río Guarrizas.
Esta zona es muy rica, existe otro salto de menor importancia, denominado El Cimbarrillo, así como varios resguardos con pinturas rupestres neolíticas. No tenía intención de visitarlos en esta ocasión, necesitaría más tiempo y ropa adecuada. En cambio, sí quería explorar completamente la gran cascada del río Guarrizas.
Con la merienda a cuestas, iniciamos el paseo rodeados de jaras y encinas. Enseguida surge ante nuestra vista un barranco adornado por escarpados farallones de roca y se puede escuchar el estruendo de una cascada de momento invisible.
Los senderos que se abren en torno a la cascada nos permiten contemplar su belleza desde diferentes perspectivas. Bajamos por un vericueto camino empedrado hasta la base de la cascada. No hace mucho se debió aprovechar la fuerza del agua con un molino, la prueba son las muelas de piedra arenisca desperdigadas por doquier.
Es una lástima no tener nada de referencia para comparar, los cerca de 25 metros de caída quedan deslucidos en las fotografías.
Volvimos por nuestros pasos, ascendiendo la empinada cuesta, para llegar a la denominada Plaza de Armas, esto debe ser la superficie erosionada de un farallón de roca, quedando prácticamente plana y sin sustrato en el que proliferen las plantas.
Desde este mirador, puedo divisar claramente como un grupo de senderistas se encuentran en la zona conocida como Las Calderetas, el mismo pie del chorro, lo cual me permite haceros partícipes de la referencia de tamaños.
Buscando un lugar para comer, encontramos estas rocas en forma de mesas para hacerlo sin tener que sentarnos en el suelo.
Aún no me explico como pude aguantar toda la mañana con esto en la mochila...
Tras hacer acopio de la pitanza y disfrutar de una mínima sobremesa en este paraje, continuamos por el sendero marcado en dirección al aparcamiento donde teníamos las motos.
Volvimos a Aldeaquemada para ver como es una plaza del estilo del XVIII. Momento de su fundación debido al proceso repoblador que emprendió Carlos III a finales de dicho siglo.
A un lado se alza la iglesia parroquial de la Inmaculada, de estilo neoclásico
y al otro lado de la plaza cuadrada y barroca el edificio del Pósito, que hoy es ayuntamiento y centro cultural.
Y con un cafecito al añorado sol de finales de este Febrero, debo dar por concluida la crónica de esta escapada.

Espero que os haya hecho pasar un agradable rato de lectura.

V'sss

6 comentarios :

  1. No se que ha pasado con mi comentario... lo pongo de nuevo...
    Decía que me ha gustado mucho esa cascada... gracias a los árboles que has interpuesto en la foto se puede uno imaginar el tamaño.. pero seguro que nada como verlo en persona..
    La combinación moto caminata es algo difícil pero merece la pena ;)
    Abrazotes.

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    1. No eres el primero que me dice lo mismo sobre la pérdida de comentarios. No se que puede estar sucediendo.

      Te aseguro que la cascada es para verla. En foto apenas impresiona. Y efectivamente, estuvimos comentando lo mismo que dices, es complicado compaginar caminata y moto, pero cuando sale, da gusto.
      Gracias por el comentario

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  2. Pues lo mismo que Slow me repito :-D.
    Buena época para las torrentías, en una que fuimos a ver a Oneta al ir prevenidos de la caminata y los rigores hicimos un cambio rápido de ropa cosa que resultó.
    Muy bonito todo y tienes razón con los puntos de referencia para apreciar el tamaño.
    Saludos.

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    1. Si mas o menos es lo que pensamos, llevar una muda en el baúl, en este caso no lo hice porque al ser apenas 2km, pero menudos 2...
      Gracias por pasarte,

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