Ciudad Real - Cabo de S. Vicente en YBR. 2ª parte

Seguimos con el primer día en Portugal.
El aparta-hotel, que era una de mis preocupaciones, por los comentarios escuchados (que si en Portugal, las estrellas no son como las de España, que si patatín, etc.), y sobre todo por el precio (irrisorio, creo que menos de 20€), resultó estar muy bien, a la postre, el mejor de los 3 en los que estuvimos. Nos tocó con vistas al interior, pero creo que eran las mejores, ya que era el primero en esa dirección y se veía el puente de acceso a España y la fortaleza de Castro Marim, mientras que para el otro lado, no se si se vería el mar, ya que había muchos edificios delante.
 
Lo cierto es que no demuestra las verdaderas vistas.

Detalle de la fortaleza de Castro Marim.

Desayunamos en una cafetería enfrente del hotel y comenzamos la marcha. Al anochecer debíamos estar en el Cabo de São Vicente. Deciros que en Portugal el café es dinamita pura, pedí uno solo, estos cachondos se reían de mí porque me pusieron un dedal, (con 2 azucarillos, eso si, se ve que les gusta el dulce), puff!! me puso como una moto. Estaba buenísimo (me gusta mucho el café) pero eso sí, era como he dicho, dinamita.

Salimos a la carretera que prácticamente nos conducirá a nuestro destino; la  N125 y como no, en obras en su primer tramo, por lo que se veía, la estaban acondicionando para hacerla como una avenida con aceras a los lados y todo eso.
La primera parada que hicimos fue en Cacela Velha, es una aldeita muy pequeña, pero preciosa, está un pelín elevada sobre el nivel del mar y tiene unas vistas de la bahía, o como se diga, preciosas. Una gozada. Aquí eran las 10.30 y ya nos empezamos a quitar ropa, del calor que hacía…

 

  

  

  
Esta, aún sin ser perfecta, no se lo que tiene, pero me encanta.

 

  

  

 

  

  

  
Aquí se pueden apreciar las cabinas de tfno. portuguesas y las chimeneas típicas de la zona.

De aquí, proseguimos la ruta y tomamos rumbo a Moncarapacho, donde paramos a tomarnos una cerveza.


 

 


Continuamos hacia el monte Figo, o Cerro São Miguel, donde hay unas bonitas vistas de la costa con Olhão (se lee Ollao) y Faro. Muy bonito también.




Iniciamos el descenso por una carreterita, bastante estrecha por cierto, hasta llegar a Estoi, por aquí  se puede disfrutar de unas estampas preciosas. Por poner un símil, (ya que no tengo fotos), imaginad el típico fotograma de la Toscana que aparecen en las pelis, con una carreterita estrecha, flanqueada por muros de piedra de poco mas de medio metro con flores silvestes acompañando al verde de la hierba y arboles frutales en los campos circundantes. Una pasada. Lástima no haber parado e intentar fotografiarlo.

Llegados a Estoi, intentamos visitar el palacio, lo cual no pudimos hacer porque estaba cerrado por obras, así que nos dimos una vueltecita por la zona, y decidimos, viendo que se nos hacía tarde, saltarnos la visita a Faro y seguir hasta Carvoeiro, donde buscaríamos un sitio para comer.

 
posando en la puerta de la iglesia.
 
una calle cualquiera, bueno, de las peatonales jaja

 Una de las puertas del recinto del palacio.

 
Esto es lo que conseguí ver subiéndome a la pared igual que un paparazzi.

Una fuente que había por allí. La pongo por el poema de al lado.

Como bien me avisó Inkel, el paso por Faro fue penoso, entre que mis notas eran prácticamente nulas y aquello que es un lío, después de dar un millón de vueltas, fuimos a parar al aeropuerto. Gracias al mapa de Luis, logramos salir de allí y llegar al citado Carvoeiro.

 

 
Os pongo las 2 para que lo veáis bien, el merge no me gusta como me queda.


Una cala preciosa ¿verdad?, pues maldita la hora en la que decidimos parar…Esta fue con nota la peor parte del viaje, aparte de encontrarnos como no, OBRAS, eran cerca de las 4 (hora española, 3 hora local) con asomo de mal humor por el hambre (por lo menos por mi parte) asfixiados de calor, buscando un sitio para comer y ninguno nos convencía, además que allí te cierran el chiringuito bien temprano, así que íbamos tarde. Aparcamos las motos en un aparcamiento que vimos (porque estaba todo petadísmo) y nos bajamos cargados como burros con los trastos a buscar un restaurante que habíamos visto a lo primero con bastante gente (ya estaban de copichuelas y sobremesa), y no sabemos ni como ni porqué nos acoplamos en uno que había pegado al de la gente, nos sentamos y pedimos de beber, mientras vemos lo que comer… Nos miramos los unos a los otros a la cara por los precios… con que Portugal era barato… Con lo que teníamos encima, por no buscar otro sitio, y ya que habíamos pedido bebida (esto era lo de menos) decidimos no levantarnos. A la hora (sin exagerar 1 minuto) nos ponen la comida. Pedimos otra vez pescado, creo que todos menos Jose, esta vez “Pescado a la Portuguesa”, y aún así, porque el se lo pidió frito (creo) y fue igual. A 50 metros de LA PLAYA, NOS PONEN PESCADO CONGELADO, y nos lo cobran como si lo hubieran pescado con anzuelos de oro, que por ese precio voy yo y los pesco con un tenedor aunque sea… os voy a dar el nombre para que NO VAYÁIS que éste si que no se me olvida. Restaurante COLOMBO’s.

De aquí nos dirigimos a Portimão. Obviamente, al ser una ciudad bastante grande, el tráfico era intenso y tuvimos unos cuantos rifi-rafes con algunos coches. Llegamos al sitio sin apenas problemas de orientación y señalización y bueno, el puerto también tenía unas bonitas vistas,

Este también tiene su ración de yates de lujo.

la fortaleza da Sta. Catarina está en la unión que hacen el puerto y la Praia da Rocha, preciosa también.

 

que envidia... ver la playita ahora, con la que está cayendo en la calle...

Al fondo se veía, el palacio de Ferragudo, lo cual al verlo, me dejó el saborcillo de boca un tanto amargo de no haberlo visto de cerca, pero se nos hacía tarde de verdad y nos quedaban aún muchos kilómetros.


Ahora que he nombrado lo del tráfico, me ha venido a la cabeza, algunos adelantamientos que nos hicieron algunos HP. Ojito con esto si estáis pensando en ir.
Una vez visto esto, la siguiente parada era Sagres, y el tan deseado Cabo. En esta ocasión, salimos a la autovía para tardar menos, ya que se nos hacía demasiado tarde, y aún nos quedaban unos cuantos kilómetros, además de que ya estábamos un poco hartos de que nos adelantaran sin consideración alguna.

En esta ocasión, y como el aparta-hotel estaba a mitad del camino, paramos y dejamos las alforjas allí y nos fuimos corriendo al Cabo da São Vicente. El botones era un tío simpático, estuvimos intentando hablar (ni el sabia castellano, ni nosotros portugués) y de lo poco que entendimos fue que Schumacher había estado allí  alojado, y que algunos pilotos de Superbikes (Troy Bayliss) también, hacía poco rodando en el circuito de Portimão, que pillaba allí cerca.
Mientras nos íbamos acercando, caí en la cuenta de un detalle que no había pensado; ver una puesta de sol en un sitio tan impresionante y geográficamente tan especial; se ve que esa misma idea le rondaba por la cabeza a más gente, porque aquello parecía una feria. Había alrededor de 100 personas sentadas, buscando el mejor sitio para verlo… peeeero, como no, algo tenía que fallar… con el día que llevábamos… ahora entra en juego la meteorología, nos quedamos con las ganas de ver otra imagen preciosa por culpa del frente que cruzó la península este mismo día, que en esos momentos se acercaba por el horizonte, y el sol se metió por detrás y las nubes no nos dejaron ver la puesta. Sobre el sitio en sí, pues qué decir, una pasada. Aunque hacía algo de viento, lo normal supongo yo para un sitio tan despejado y sin nada que lo frene, no había muchas olas.
 
 
Parte norte del cabo conmigo encima jaja
 Parte sur del cabo.
 La puesta, propiamente dicha.
 Los 4 locos. Sale con un poco trepidada, pero solo hay esta. 
Tuve que convencer a una pareja con mi inglés de Tomelloso.
Montao en eso, me pingué allí.
A la vuelta del cabo, nos acercamos a la fortaleza de Sagres, pero ya era de noche y estaba cerrada, por lo que nos dirigimos al pueblo a buscar un sitio donde cenar.

 Volviendo la vista atrás.
 
Encontramos un barecillo, que me llamó (sí, ME llamó, porque ya íbamos como en el del almuerzo, sin decidirnos y dando mas vueltas que un trompo, y tuve que actuar así) la atención  (estaba lleno) y nos metimos, tuvimos que esperar un poco, pero mereció la pena… nos volvimos a poner ciegos de cosas ricas a un precio mas acorde con lo que esperábamos, la camarera muy simpática y agradable y todo perfecto. Creo que se llamaba “El rincón del marinero” o algo así.

Decir que mientras aparcabamos las motos en el hotel, empezó a chispear, así que las dejamos debajo de un balcón. Pero esto ya es mucho contar de la próxima crónica.

El mapa:

Seguro que estaréis diciendo, vaya mierda de blog de motos, que no salen motos. En mi defensa diré que en este viaje, que es el caso que nos ocupa, era muy difícil colocar las motos en algún sitio pintoresco para que salieran en las fotografías, ya que bastante fue que encontráramos un lugar para dejarlas, además de que muchas veces, teníamos que andar algún trecho hasta llegar al lugar a visitar. Aún así, aquí os dejo unas pocas.





Mañana más. Gracias por seguirme.

V'sss

2 comentarios :

  1. Muy bueno, te animo a que sigas descubriendo Portugal en moto, sin duda un país alucinante para descubrir en dos ruedas. Suelo visitar Sagres y el Alentejo portugués y me ha traido muy buenos recuerdos, normalmente suele hacer bastante viento, no sé si esto os afectó en vuestra ruta pero en bicicleta es horrible a veces. Gracias por compartir, saludos!!

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    1. lo cierto es que nos hizo un tiempo estupendo, por no hacer, no hizo ni viento. Quizá un poco el dia de regreso, pero a favor, que iba la YBR sola jejeje.

      Gracias por pasarte.

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