La aldea de Los Santos

-Prohibido procrastinar.
-¿me lo puedes traducir?, es que soy de pueblo.
-Es algo así como "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".
-Ah, ya me entero.

Es lo mismo que cuando se mete una canción en el subconsciente y no haces otra cosa que repetirla, y repetirla... pero en conversación; La de veces que habré repasado esta conversación en mi mente, durante el regreso de este último viaje.


Últimamente he estado algo desaparecido de las carreteras, y el mono de moto, bueno, más bien la necesidad de escaparme a rodar ya había comenzado a ser considerable. En mi club de referencia, montaban para el fin de semana del 10-11 de Noviembre una concentración en el Rincón de Ademuz, así que sin pensarlo dos veces apuntado quedaba.

Tras una semana lloviendo a mares, el pronóstico indica que el fin de semana, habrá un pequeño respiro, no espero que haga calor, estamos en noviembre, pero al menos que no llueva para poder sacar la cámara; así que me preparo ruta y lugares a visitar y en marcha.
Antes de irme a la cama el viernes, echo un último ojo a la predicción y por la mañana salgo con la certeza de que el domingo igual me mojo, pero muy probablemente tendré una pequeña ventana de tiempo para poder parar, sino en todos los sitios, si en algunos.

Voy con horario de llegada y no me puedo entretener mucho, así la ruta por la que opto es la que últimamente vengo siguiendo cuando me dirijo hacia esta zona. Autovía hasta Motilla del Palancar, y de ahí seguiré por la N-320 dirección Cuenca.

No llueve, pero el asfalto se encuentra húmedo, mojado en algunas zonas. Hago la ya rutinaria parada técnica en Motilla para repostar y tomar un café. Los flamantes cubremanos parece que funcionan algo peor de lo esperado, aunque intuyo que son los guantes, que están en las últimas, los que no cumplen con su obligación y llego con las manos heladas.

En esta ocasión recupero energías en el hotel que hay al lado de la gasolinera, en cuyo interior se puede admirar esta reliquia.


Se trata de un Austin 7 de los años 20

Una de las razones por las que me gusta parar en este punto es para cambiar el chip e intentar adaptarme al nuevo ecosistema, ya que tras unas horas de autovía, cuando paso a carreteras secundarias y bajo la velocidad, me parece que voy parado.

En el rato que he estado detenido, se levanta algo de viento, es poco, pero suficiente para secar el asfalto, lo cual me quita una preocupación de encima, aunque pronto otra se me presenta en forma de seteros. Los márgenes de la CM-2153, se asemejan más al aparcamiento de un hiper en día de rebajas, que a un camino forestal, y comienzan a sucederse las imprudencias tales como pararse en medio de la carretera sin señalizar, incorporaciones sin mirar, etc, etc.
Aún con todo, voy estupendamente de tiempo. Ya metido en la N-420, en su parte más retorcida, con el asfalto de nuevo algo húmedo, empiezo a enlazar curvas y a incrementar bastante el ritmo. Paso el puente medieval que permite cruzar el río Cabriel, y decido parar un poco más adelante, para romper un poco la inercia y evitar dos cosas: el centrarme en conducir y perderme el espectáculo olfativo y de color que me está ofreciendo la serranía de Cuenca en otoño, y debido al estado de la calzada, calzarme una ostia, valga la rebuznancia.



Con el ánimo más relajado prosigo hasta un lugar que tengo grabado en la retina de otras veces y que me encanta, ya que me recuerda a rincones de otras latitudes. Concretamente pasado Casas Nuevas y antes de coronar el puerto de Hontanar, la hoz creada por un pequeño afluente del Cabriel, nos representa este bello rincón.




Espero en un futuro poder investigar algo más pista adentro.

Apenas restan descender los 11 kilómetros de bajada para llegar al cruce que conduce al destino. La aldea de Los Santos. El acceso es un poco estrecho, pero es enderezar la moto y encontrarte en este bello carreterín.


¿Existirán los gnomos?



Tras la sesión fotográfica, consigo llegar a la casa rural donde habíamos quedado; en las puertas ya se encuentran algunos compañeros esperando. El sector adoquín -mañicos ellos-, organizadores del evento, comentan los pormenores de su ruta con algunos viejos conocidos del sector ché -otros vendrán más tarde- y la pareja de Murcia, que no se pierden una, aunque vengan en lata. Tras la ronda de saludos y presentaciones toca esperar a los que faltan. Lo bueno de llegar de los primeros, es que tienes más tiempo para hablar con la gente, así como más posibilidades entre las que elegir aposento.


El chorreo es continuo, enseguida aparece el expedicionario alicantino y unos minutos más tarde la delegación madrileña acompañada de un señor mayor de Valladolid jejeje. Aún faltan una pareja de YBReros catalanes, que vienen en YBR desde Barcelona, y con la tarea que tienen ante sí, se van a retrasar y llegarán al restaurante directamente. Nosotros salimos hacia Caltielfabib, a unos 6 kilómetros, donde han contratado la comida.
Ya era conocedor de las posibilidades de esta villa, pero es a la altura del mirador, donde me quedo con la boca abierta ante el espectáculo.


Esta otra con tropezón,


El restaurante, se encuentra antes de entrar al pueblo, a las afueras, por lo que no nos internamos en sus calles y decido añadir a la ruta del domingo su visita, ya que es el otro lado el que quiero ver, además, vengo de concentración y no es plan de separarme del grupo.
Por cierto, que no lo he dicho, el mirador no es solamente para disfrutar de la vista del pueblo, sino de la de las hoces del río Ebrón que tampoco se queda atrás en espectacularidad.



Tras la comida, y algunas dudas por la hora en la que nos estamos metiendo se decide continuar con el plan establecido, consistente en acercarnos a la localidad de Sesga



Hay que ir a Ademuz, donde estamos sólo tiene una carretera de acceso, por lo que tenemos que desandar camino. Mientras espero a la comitiva, -por un pequeño susto al entrar en la arena, aparqué en otro sitio- veo a lo lejos un arco iris, así que me voy a ver si saco algo.


Como decía, llegados a Ademuz, algunos paran a repostar, y otros pocos los esperamos a la vera del río Turia disfrutando de esta vista de postal. -Con mi forma de conducir, le saco una autonomía de 400Km a Inesperada-



Ya se nota la falta de luz, y tengo que hacer estas trastadas para ver si puedo aprovechar algo



El camino a Sesga, consiste en un carreterín estrecho hasta El Val de la Sabina, donde a partir de ahí la agencia de calificación le baja la categoría a camino agrícola aún asfaltado, el cual, progresivamente va perdiendo firmeza hasta llegar por medio de una pista de grava suelta a Sesga, ya anocheciendo. Igual en otro momento, hubiera resultado muchísimo más divertido.



Tras una pequeña vuelta y unos infructuosos intentos -por falta de luz- de sacar la foto de familia, iniciamos el regreso, ya de noche.



A partir de la llegada, pues lo típico, ducha, cena, risas,... y en mi caso a la cama, más pronto de lo deseado, pero el cansancio acumulado durante las últimas semanas me juega una mala pasada y puede más que mis ganas de cachondeo.

El domingo amanece gris, muy gris, pero sin lluvia. El dueño de la casa rural, nos obsequia con un desayuno bastante apañado, del cual doy buena cuenta para alargar la comida, de todas formas, va a sobrar. Ojeando el tiempo en el móvil veo que la ventana con la que me fui a dormir el viernes, ha desaparecido, es cuestión de tiempo que comience a llover, por lo que viendo el panorama, y con las dudas de rodar en solitario por carreteras serreñas totalmente desconocidas, para no ver nada y lloviendo, prefiero volverme con la delegación madrileña por la N-420 hasta Cuenca y continuar en solitario hasta Ciudad Real. Nos emplazamos para concentraciones venideras y emprendemos camino.

Veo el cartel que indica el desvío hacia Castielfabib.

-Prohibido procrastinar.
-¿me lo puedes traducir?, es que soy de pueblo.
-Es algo así como "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".
-Ah, ya me entero.

Para terminar, os comparto unos vídeos que ha montado el señor vallisoletano, que me han hecho reír un rato, así que sin su permiso, los comparto con vosotros.





P.D.1 ¡¡¡Las M. Road 3 son una pasada!!!, más de 150 kilómetros de lluvia intensa, y ni un mal gesto.
P.D.2 Las botas impermeables, ya no lo son tanto.
P.D.3 Los cubremanos funcionan estupendamente, al menos las manos, las llevé secas.

Saludos, V'sss